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Hace dos años propusimos a la Dirección General de Calidad Ambiental, a través de nuestra Dirección de Comunicaciones, hacer un seguimiento audiovisual del proceso que implicaba el movimiento transfronterizo de los plaguicidas obsoletos “conocidos y localizados” en el país. Propusimos también, para comenzar este trabajo, una pequeña investigación con el objeto de contextualizar la llegada al país de esos agrotóxicos, por lo cual nos dedicamos a estudiar los años de la Reforma Agraria, impulsada por el gobierno de Rómulo Betancourt en la década del 60, pues estimábamos que ese podría ser el punto de partida de la introducción de agroquímicos órgano-clorados y órgano-fosforados en Venezuela.

En primer lugar, se elaboró un plan para comenzar la búsqueda de datos en sus lugares de origen: el Ministerio de Agricultura y Cría y el Ministerio de Salud y Asistencia Social. Corroboramos una vez más, con tristeza y preocupación, que somos un país sin memoria, sin registros apropiados, y lo peor, sin la comprensión de lo valioso que es nuestra historia, no para quedarnos en el pasado, sino para saber por qué somos hoy lo que somos. La respuesta desanimada de muchas de las personas involucradas era siempre la misma: ¡Pero eso es de hace 40 años! Aquí no hay registros de eso...

No nos dimos por vencidos y encontramos en el país dos fuentes básicas valiosísimas: La Gaceta Oficial y los boletines o reportes del Laboratorio Nacional de Plaguicidas y Fertilizantes de la Dirección de Sanidad Vegetal del Ministerio de Agricultura y Cría. Hoy en día esas dos fuentes no pueden ofrecer las mismas informaciones pues ya los permisos no aparecen publicados y el laboratorio fue desmantelado y cerrado en la década de los 90. Como resultado de lo anterior, la información no tiene el carácter público que debería tener, los registros no son de fácil acceso y no contamos en el país con un laboratorio químico especializado confiable que guarde los intereses de la nación en el rubro de agroquímicos.

La otra herramienta fue internet, donde pudimos visitar páginas y sitios con una información tan contundente que cambió por completo el panorama que teníamos frente a nuestros ojos. Por otra parte, los datos que encontramos en los años 60 nos remitían a los 50 y aún más atrás, con lo cual nuestra hipótesis de la entrada de los plaguicidas con la Reforma Agraria se derrumbó rápidamente.
Paralelamente, la Dirección General de Calidad Ambiental también tropezaba con dificultades para el movimiento transfronterizo de los plaguicidas obsoletos. Esperamos mucho por la empresa que realizaría el traslado, del cual dependía nuestro proyecto original. El presupuesto estimado mermaba con el tiempo, razón
por la cual se decidió junto con el Director General de Calidad Ambiental, Norberto Rebolledo, volcar nuestros esfuerzos hacia la investigación documental. Sin duda alguna fue una decisión acertada: de no haber sido así, nunca hubiésemos encontrado los datos que hoy podemos ofrecer.

Estamos concientes de que dos décadas de investigación más uno que otro dato de años precedentes y posteriores, son apenas algunas piezas claves del rompecabezas que necesariamente debemos continuar armando. Sin el resto de las piezas los estudios de impacto ambiental, la salud y la alimentación de todos los venezolanos, e incluso el cumplimiento de convenios internacionales como los propuestos en Río de Janeiro, Johannesburgo, Ramsar, Estocolmo y otros podrían verse perjudicados.

La Fundación Aguaclara quiere agradecer, en nombre de todos los que participamos en esta investigación, a la Dirección de Calidad Ambiental del Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales por brindarnos la oportunidad de ser útiles al país y por la confianza depositada en nuestro trabajo. Esperamos que esta investigación sea el inicio de todas las necesarias para conocer a fondo la historia de los PLAGUICIDAS EN VENEZUELA y para actuar en consonancia con la responsabilidad nacional e internacional en beneficio de la salud humana y del ambiente.

Caracas 20 de Abril de 2004.
Clara Inés Amaya Ricaurte
Presidente

 

Informe Plaguicidas —Versión Digital [formato PDF]