Participo en la Fundación Aguaclara , entre otras cosas
porque desde niña me gustó mucho el mar y sus secretos, porque me
ha interesado el tema del ambiente y las posibilidades de mejorarlo
para el bienestar de la humanidad y porque cuando entré a la universidad
compartí un sueño, el de una granja educativa ecológica, precisamente
junto con Maria Eugenia y Pedro y al pasar de los años en el ámbito
educativo al cual me he dedicado he observado que todavía quedan
muchas cosas por hacer en la educación formal y no formal a fin
de que las personas tomen conciencia de que si no cuidamos nuestro
mundo nadie lo hará por nosostros
Aguaclara es la oportunidad para que profesional y personalmente
uno pueda crecer, crecer en equipo, crecer con los demás, crecer
con tus compañeros y con los involucrados en los proyectos, mejorando
la calidad de vida de todos. No es que nunca nos equivocamos, o
que siempre las cosas salen bien, pero aún cuando las cosas se ponen
difíciles, sabemos que el apoyo esta allí y entonces la equivocaciones
nos hacen fuertes, y aprendemos de ellas. Definitivamente trabajar
en Aguaclara es una gran experiencia y una gran satisfacción.
Solemos culpar a los gobiernos y a las grandes industrias
de los problemas ambientales del mundo contemporáneo y visualizamos
con terror un entorno vital cada vez más adverso. Frente a situaciones
de este tipo, reales e imaginadas, participamos de uno u otro modo
con la simple crítica o con una franca oposición a las actividades
aberrantes de los centros de poder político y económico, lo cual
siempre es útil pero no suficiente: a menudo obviamos nuestras propias
acciones y omisiones cotidianas, bien sea por inconciencia o bien
por desconocimiento. Formar parte de Aguaclara significa
la oportunidad de atender los dos frentes de lucha, aquel que involucra
a todos los pueblos del mundo, de grandes y determinantes proporciones,
y aquel, tal vez menos evidente pero de similar importancia, que
tiene que ver con las diarias agresiones al medio donde nos desenvolvemos:
los proyectos de Aguaclara abarcan la información y concienciación
continuas de la ciudadanía, la investigación sobre factores de deterioro
ambiental a gran escala, y la educación ambiental, sobre todo a
nivel escolar, lo que contribuye sin duda a la formación de hombres
y mujeres más conscientes de su responsabilidad en la preservación
del ambiente.